Hoy hace un mes del día en el que lo echaste todo a perder.
El día en el que pensé que a partir de ese momento ya nada sería lo mismo, ya
nada tendría sentido, que no tenía sentido vivir en un mundo en el que no
estuvieras, con tus chorradas, con esa sonrisa a todas horas, y ese siempre con
el que pensé que siempre ibas a estar aquí, que no me fallarías, que ya no
tenia porque volver a sufrir, no si tu estabas conmigo. Que en aquellos días
todo era absolutamente perfecto, era una historia sin final, una en la que todo
acabaría bien, con un final feliz. Sí, eso fue lo que pensé durante aquellos días
que no olvidaré nunca, en los que me enseñaste a valorar las cosas, a mirar
siempre el lado bueno de todo, por muy malo que pudiese ser. Siempre estabas ahí
dispuesto a sacarme una sonrisa en mis peores momentos, en los que necesitaba
un hombro en el que llorar. Y ahí estabas tú, dispuesto a cualquier cosa con
tal de hacerme feliz. Y así es como siempre tuvo que ser y que por supuesto, no
fue. Que ahora es cuando más te necesito, ahora es cuando me doy cuenta que uno
no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Porque si tenía miedo era solo por
perderte. Eso era lo que más me asustaba de todo, que un día no fueras a estar
aquí. Y aquí estoy, viendo que ese día ha llegado, que no vas a volver, que no
vas a estar aquí otra vez. Que a todas horas me recuerdo que tengo que aprender
a vivir sin ti, que no puedo vivir en el pasado, tengo que mirar el presente y
hacia el futuro, por mucho que sea el tiempo que necesite para conseguirlo. Que
tengo que saber que son cosas que pasan, cosas de la vida, que una persona se
va y a esa persona la sustituye otra. Y que con el tiempo las heridas acaban
sanando, hasta que no son más que meros recuerdos que se pueden recordar sin que
duela, sin sufrir, ese día llegará, eso es de lo único que estoy completamente
segura, y eso es lo único que al final me da fuerzas para levantar la cabeza y
seguir.