Solo recordar todo lo que dejé atrás duele. No pensé que
este día llegaría, no pensé que después de cuatro meses te siguiera echando de
menos. Todavía recuerdo lo perfecto que fue todo, las sonrisas que me sacabas día a
día, pero sobre todo, echo de menos aquellas miradas que me lo decían todo sin
necesidad de palabras. Porque con cada caricia, cada abrazo y cada beso me
demostrabas que nunca me fallarías, que nada nos separaría, que cualquier
obstáculo sería pequeño para romper lo que tu y yo teníamos. No sabía cuan
equivocada estaba, como todo puede cambiar en un segundo, como una mentira
puede cuestionar todas las verdades. No imaginé que fueras capaz de hacer una
cosa así, decirme las cosas que dijiste, tus hechos superaban cualquier palabra que
me pudiste haber dicho aquel día. Aquellas promesas que nos hicimos en el
pasado no sabia que se fueran a romper en el futuro. Y con aquellas palabras,
por muy pocas que pudieran ser, significaban que no volverías, que te fuiste
para no volver. Fuiste egoísta, no pensaste en el daño que me podrías hacer, ni
siquiera me diste suficientes motivos ni suficientes excusas para perdonarte.
Porque no se deja de querer a una persona de un día para otro, de eso estoy
segura. No me creí que después de todos esos ‘te quiero’ me dijeras que nunca
habías estado enamorado de mí. ¿Qué si lo he superado? Sí. ¿Olvidado? Ni ahora
ni nunca.
sábado, 15 de junio de 2013
Los malos recuerdos superaron a los buenos.
Hoy, llegó el momento en el que decir que ya no te echo de
menos, que eres un recuerdo mas de muchos otros, que he aprendido a vivir sin
ti y que estoy orgullosa de ello. Por mucho que pensara meses atrás que sería
imposible, que no podría olvidarte, que significaste demasiado para mi, que
fuiste alguien en quien poder confiar y el que siempre estaría ahí para
cualquier cosa, hoy por hoy puedo decir que ya no pienso en ti como lo hacía,
ni mucho menos. He aprendido que ni lo malo es tan malo ni lo bueno tan bueno,
que hay que vivir con lo que tienes y que no hay que esperar mas de lo que das
ni menos de lo que mereces. Me enseñaste que todo lo malo tiene siempre una mínima
parte que es buena, que no todo es lo que parece y que las apariencias engañan.
Que hay que ir con la cabeza bien alta, sin pisotear a nadie y sin dejar que
otro lo hagan. Que no hay que dejarse influir por nadie y que, sobre todo, siempre
hay que ir con la verdad por delante. Y aun recordando todas las cosas que me
enseñaste en su día, y aun sabiendo que me hiciste mejor persona, al final, los
malos recuerdos superaron a los buenos.
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