Ya lo dije aquel día de Enero, el tiempo pasa y para cuando te das cuenta, ya nada es lo mismo. Deseé que nuestra historia no tuviera final, que nunca me dejaras caer, y que estuvieras siempre a mi lado, pero no todos los deseos se cumplen. Aquellos días quizás fueron perfectos mientras duraron, pero cuando me di cuenta de que se acabarían, vi el mundo que se derrumbaba ante mí. Realmente, me di cuenta de muchas cosas. Que ya no tendría un hombro en el que llorar. Que durante los días siguientes, me esperaban largas noches de llorera. Que no volvería a confiar en nadie fácilmente. Que las ilusiones del principio, se convirtieron en sueños rotos. Que me costaría seguir adelante, pero que nada era imposible. Que vería el mundo de distinta manera, y con otro punto de vista diferente. Sé que nunca olvidaré lo mal que lo pasé durante aquellos días en los que llorar se convirtió en mi única vía de escape. Hasta que me di cuenta de que no podía seguir así ni un día más. No podía seguir llorando por un tío que no me quería, no podía odiarme por no conseguir lo que quería, por mucho que doliera. No merecía la pena torturarme de aquella manera, porque así no conseguiría nada. Pero, en ese momento, lo único que realmente quería era ser feliz, y hoy por hoy, puedo decir que ya lo he conseguido.
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