Aquí estoy, derramando lagrimas otra vez por ti. Pensando en aquellos momentos a tu lado. Recordando cada instante, cada segundo. Aquellos días en los que vivía en un mundo de rosas, siempre con la sonrisa puesta, a todas horas, cada día. Cuando me susurrabas “te quiero” al oído y me provocabas un escalofrío. Cuando me abrazabas como si fuese la chica a la que más querías en el mundo, como si fuese única. Y, ahora, cuando recuerdo lo perfecto que fue todo, lo bien que lo pase contigo y todo lo que aprendí a tu lado, es cuando me doy cuenta que te necesito aquí, conmigo. Que ningún otro puede reemplazarte. Eres la mejor persona que he conocido nunca, de verdad. Fuiste lo mejor para mí, mi apoyo incondicional en los buenos momentos y en los malos, siempre estabas ahí para cualquier cosa, para apoyarme cuando hiciera falta. Y eso es lo que hace que ahora todo sea más difícil. Que sea imposible olvidarte. Que cuando te fuiste, te llevaste una parte de mí contigo. Que lo eras todo para mí, ¿es que no lo entiendes? Las promesas que un día nos hicimos me hicieron creer que siempre ibas a estar aquí, que no me fallarías, que no tenia porque volver a sufrir. Pero la vida otra vez me demuestra lo contrario. Que daría cualquier cosa por poder volver atrás y cambiar lo que hice mal, aun sabiendo que la culpa de todo esto no la tengo solo yo, ni mucho menos. Y que lo daría todo por volver a tenerte aquí, otra vez a mi lado, como siempre tuvo que ser y no fue.
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